El asesinato de Felipe Pirela ya venía en conteo regresivo la noche del 1° de julio de 1972. El “bolerista de América” encontró la muerte en Puerto Rico a manos de un tal Julio Portabeles, hombre con el que tuvo una riña.
En el blog http://cronicasdeltanato.wordpress.com, de Pedro José Revette Rodríguez, hay una descripción minuciosa de cómo sucedieron los hechos en esa isla caribeña y que enlutaron a todo el continente hace 40 años.
Así inicia el relato:
“Todo el grupo salió del Molino Rojo para abordar un vehículo con dirección a San Juan, 15 millas al norte. Al llegar a la capital fueron al bar del hotel Borinquen, donde siguieron bebiendo. De allí salieron a las 4:30 de la mañana; a esa hora decidieron irse con Carmelo López Ramos, cantinero del Borinquen, al club July de la urbanización Santurce, hasta que a las 7:30 de la mañana, Otilio Martínez -propietario del club- les pidió que le dieran la cola hasta su casa, pues iba a cerrar el local”.
Pirela, en ese momento, parecía estar incomodo, pues entre sus acompañantes estaba un sujeto que se identificó ante los demás como Julio Portabales -nombre que presumía falso-. Tenía asuntos pendientes con él e intuía que en cualquier momento podía presentarse un altercado.
“Luego de llevar a Martínez hasta su casa”, prosigue el texto, “decidieron seguir la farra en el apartamento de Portabales, ubicado en el condominio Isla Mar, pero fueron echados de allí por una chica, al parecer prostituta, que les pidió que la dejaran dormir pues tenía mucho sueño. Decidieron entonces encaminarse al club Coco Mar; al rato de estar allí se produjo una discusión entre Pirela y Portabales que rápidamente pasó a mayores; en un momento crítico, Portabales desenfundó un revolver que apuntó con decisión contra la humanidad del cantante, sólo que al accionar el arma se encasquilló. En ese ambiente de gran tensión, Pirela decidió abandonar el local y le pidió a su amigo Carmelo, el cantinero del hotel donde residía, que lo acompañase. ‘Acuérdate que tú no eres de aquí’, le espetó Portabeles en en voz alta y con el rostro abotargado (hinchado)”.
Pirela y Carmelo salieron a la calle La Rosa de la avenida Baldorioty de Castro, en Isla Verde, con la intención de abordar algún taxi. Avanzaron dos cuadras cuando de pronto, frente a ellos, surgió el vehículo de Portabales, quien desde la ventanilla y sin mediar palabras le propinó cinco balazos al cantante; tres impactaron en el pecho y una le atravesó el corazón.
“El asesino”, señala el relato, “huyó de inmediato y el aterrado Carmelo, quien se había tirado al suelo buscando protección, corrió a auxiliar a su amigo. Dos policías llegaron en un auto patrulla, y con la ayuda de Carmelo trasladaron a Pirela hasta el Hospital Prebisteriano”.
Según las declaraciones que reposan en las actas procesales del Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC), Pirela estaba aún vivo y suspirando cuando salieron de Isla Verde con dirección al centro médico.
La crónica se hace aún más fatídica en este punto:
“Felipe Pirela, el marabino que había puesto a suspirar y a bailar a miles de fanáticos en el continente con su particular manera de interpretar el bolero, sucumbía ante la fría presencia de la muerte a las diez de la mañana de aquel fatídico día. De inmediato distintas versiones comenzaron a correr por todas partes. Los diarios, tanto de Puerto Rico como de Venezuela hablaban, de un crimen pasional; otros hablaban de un ajuste de cuentas”.
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A Puerto Rico viajó Edgar Pirela, hermano del bolerista, a tramitar el traslado de sus restos a Venezuela. Desde la isla, declaró que ésta fue una “muerte por encargo” de una mafia artística que operaba allí y tenía ramificaciones en varios lugares del Caribe
Según tal versión, el cantante poseía información que afectaba a los miembros de esta organización, por lo que decidieron liquidarlo.
Por su parte Fernando Gómez corresponsal de la borincana Radio Mili, aseguró que el cantante figuraba como traficante de drogas en la nómina de la mafia de Nueva York, y ésta ordenó su muerte pues descubrió que se había quedado con 35 mil dólares de las ventas. Fue una hipótesis que generó un fuerte malestar entre los seguidores del artista en Venezuela, quienes criticaron duramente al periodista.
El 3 de julio, la policía de la isla aseguró que el nombre del asesino era Luis Portabales, y como tal estaba siendo buscado tanto por el CIC como por el FBI, pues al parecer tenía antecedentes en los Estados Unidos por varios hechos de violencia.
Pronto se supo que el victimario de Pirela asumía varias identidades de acuerdo al país donde operaba. En Estados Unidos se hacía llamar Luis Olivo, en Puerto Rico Luis Portabales y en Caracas usaba el nombre de Manuel Quintana.
Mientras tanto las especulaciones seguían en los medios:
-El sábado 8 de julio, el diario Últimas Noticias de Caracas afirmaba que el gang de la heroína había ordenado el asesinato desde Venezuela, y por el mismo había pagado 10 mil dólares.
-Por su parte la agencia EFE, por medio de un cable fechado el 12 de julio en la ciudad de Nueva York, aseguraba que Luis Portabales o Luis Olivo era miembro de la Cosa Nostra.
Tras activarse una búsqueda internacional e identificarse correctamente al agresor (Luis Rosado Medina), éste fue capturado en una casa del barrio Ciénaga del pueblo de Vea Baja, gracias a la denuncia de un vecino del sector.
Se le impuso de los cargos de asesinato en primer grado y dos infracciones a la ley de armas, y se le fijo una fianza de 25 mil dólares.
La justificación que dio Rosado para cometer el crimen fue que el venezolano se había negado a pagarle viejas deudas por drogas. “Yo lo maté porque se negó a pagarme las drogas que le había fiado para su uso personal y el de sus amigos. Pirela me debía 5 mil dólares en cocaína; por eso decidí matarlo”.
En agosto de 1972, Medina es condenado a 25 años de prisión, sin embargo sólo pasa tres años allí, pues fue puesto en libertad bajo fianza. Éste huyó, fue recapturado y aparentemente asesinado en venganza por la muerte del cantante.
“El hecho cierto es que, con la desaparición de este hombre, todo el misterio que rodeó la muerte del ‘Bolerista de América’ se intensificó. En una carta enviada por Pirela a su amigo Orlando Galofré días antes de su trágica muerte, el artista le expresó que lo único que deseaba era estar con sus hermanos y poder estrechar entre sus brazos a su pequeña hija Lennis. En la misma misiva revelaba el intenso dolor que sentía, pues no podía entender cómo en Puerto Rico lo querían tanto mientras que en Venezuela lo habían condenado al ostracismo después de su divorcio”, concluye el texto.
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Luego de los respectivos trámites, el cuerpo de Felipe Pirela fue inhumado en el Cementerio Municipal “Sagrado Corazón de Jesús” el día 12 de julio de 1972, en la siguiente ubicación:
-Primer Cuerpo Derecho
-Fila 05
-Sección 12
-Bóveda 02
-Dimensiones: 3 x 2,5 metros
Por iniciativa de Fundagraez, sus restos serán llevados al Panteón Regional del Zulia en el mes de septiembre, a propósito del cumpleaños 483 de la ciudad y los 40 años de su trágica partida. El pueblo lo acompañará en este merecido homenaje.
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Fotos: Archivo



