Crisis trunca oportunidades de futuros grandeligas

Academias expulsan a los mejores talentos, porque su estado de desnutrición les impide competir

El béisbol, como el fútbol, en esencia son deportes de clases bajas, es decir, quienes lo practican y al final se hacen estrellas provienen de las clases media baja y muy baja, pero la pasión por estos deportes es tal que hoy en día quienes se lucran del mismo y hasta los propios aficionados pueden ubicarse en un target medio-alto. No obstante, en una espiral laberíntica como la que vive Venezuela donde todo se desploma menos la inflación, el béisbol sufre tal vez su proceso más recesivo por crisis.

Las Pequeñas Ligas de Venezuela es una institución centenaria que ha cosechado éxitos tras éxitos y desde siempre han luchado contra la adversidad, pero ahora se llegó al llegadero, porque pareciera que no hay herramientas con que luchar.

Osman Negrete, instructor por años en la Pequeña Liga Cacique Mara, con sede en el destartalado estadio Edagar Ferrer, en la urbanización San Miguel, explica que en el último semestre del 2017, cayó vertiginosamente la asistencia de los niños a las prácticas y peligran las temporadas de este año 2018.

“Cada vez son menos. A finales de 2016 yo entrenaba no menos de 300 muchachos, tenía un equipo pre-infantil, uno infantil, uno junior, uno senior y uno juvenil. Imagina que cada equipo son como 20, 22 chamos, hoy en día solo tengo un pre-infantil y un juvenil que con los que a duras penas podemos competir”.

Negrete sostiene que las condiciones de atención integral hacia los niños ha venido decayendo velozmente por la crisis: “Hoy en día vienen niños a las prácticas sin haber almorzado o habiendo almorzado una arepa con mantequilla, se me duermen en las prácticas, se me desmayan, les da dolores de cabeza, no pasan de la calistenia porque en seguida pierden las fuerzas, claro, un chamo desnutrido no puede practicar béisbol ni nada”.

Otra gravísima situación que desnuda aquí negrete es la incapacidad cada vez mayor de las diferentes organizaciones en poder mantenerse con todo lo que implica la logística, el mantenimiento, los implementos, etcétera.

“Nuestras mujeres –Comités de damas- son unas guerreras. No hay un comité de damas más eficiente y mejor administrador en el planeta que el de nuestras mujeres venezolanas que ya mucho hacen con administrar los inalcanzables churupos en casa, para también hacerlo en los estadios.

"Nuestros parques -prosigue- están desguazados, deteriorados, porque no tenemos como mantenerlos, pero además el hampa se apodera de ellos y nos han saqueado, nos han dejado en la calle. No hay como costear los implementos deportivos, cada pelota cuesta un ojo de la cara, imagínate un guante, un bate, un juego de receptor de los más chimbos, eso es sencillamente inaccesible, ya más cuotas extras los padres no pueden dar, esa es la terrorífica realidad y eso pasa en el béisbol, el fútbol, el baloncesto, el voleibol, el atletismo, la natación, el tenis, en todos los deportes en este país”.

Expulsiones obligadas

El portal Reuters publica un interesante trabajo de análisis sobre las desagradables circunstancias que obligan a academias de béisbol organizado a quienes serían sus mejores prospectos por no poder cumplir con la estricta e imperativa dieta alimenticia a expulsar quizá a quienes serían sus mejores prospectos por no poder cumplir con la estricta e imperativa dieta alimenticia.

Con un récord de más de 76 venezolanos en las Grandes Ligas (MLB) en la pasada temporada de 2017, se espera que las academias de béisbol en Venezuela sigan enviando prospectos de jugadores a los cazadores de talentos de equipos estadounidenses.

Después de la República Dominicana, es Venezuela el país que despierta el mayor interés en MLB para incorporarlos a las organizaciones por el talento, la brillantez y el dominio del arte beisbolístico. La Venezuela de los 80, 90 y 2000 hasta nuestros días, con todo y crisis, logró desplazar a Puerto Rico, Panamá, Cuba y México, países en los cuales el béisbol tiene más tiempo practicándose.

Sin embargo, los agentes locales y los cazatalentos dicen que la escasez de alimentos está obligando a las academias a expulsar a cada vez más niños de escasos recursos al no poder lograr una dieta adecuada para garantizar jugadores de talla mundial.

De hecho, los campamentos de béisbol ya están teniendo menos talento de dónde escoger porque los niños de familias pobres no son lo suficientemente fuertes a los 13 años para competir contra sus pares mejor alimentados.

“Estamos viendo un 35 por ciento de disminución en la ingesta diaria de proteínas en los jugadores de entre 10 y 15 años”, dijo el doctor Arnaldo Machado, un asesor médico de los Tigres de Detroit en Caracas. “Y la situación nutricional es mucho peor para los niños menores de seis años”.

Merma

Hay cerca de 100 academias privadas de béisbol en Venezuela, el segundo país más representado en la MLB después de República Dominicana y muy por delante de Cuba, insistimos.

Los niños que logran entrar en las escuelas son alimentados seis veces al día, aprenden inglés y toman clases de anatomía y fisiología. Incluso, son atendidos por los psicólogos para asegurarse de que estén preparados para cuando lleguen a las Grandes Ligas.

Pero, en los últimos años, las posibilidades de las academias se reducen y la cantidad de niños que califican para incorporarse a este exigente régimen deportivo se desploma, porque sencillamente no califican personas desnutridas y de eso abunda en el país con las mayores reservas probadas de petróleo del planeta entero.

Un sacrificio que no se justifica

La diferencia entre este tipo de desarrollo y el de los niños demasiado débiles para entrar en las academias se está ampliando. Y también está creciendo la presión sobre los padres para que sus hijos estén en forma y así puedan ser admitidos tras cumplir los 12 años.

“Uno mismo deja de comer para que a él no le falte”, confesó Carolina Tovar mientras observaba a su hijo Jesús Córdoba, de siete años, jugar un partido de liga local en una zona pobre de Caracas.

Ella quiere que Jesús, que empezó a jugar béisbol a los cuatro años, ingrese a una academia cuando cumpla 12 o 13 años.

“Un kilo de carne cuesta lo que cuesta una semana de trabajo”, dijo Tovar. “Hay que hacer muchos sacrificios, trabajamos horas extras y tuvimos que inventarnos alguna forma de ganar otro poquito más de dinero: ahora (también) vendo tortas con quesito y hago rifas familiares”.

El relato de Tovar se ha convertido en una historia cada vez más común en los barrios de bajos ingresos de Venezuela, que han sido los más afectados tras cuatro años de recesión económica.

Un estudio realizado en octubre del pasado año por la organización católica Cáritas en sectores pobres de los cuatro estados más poblados de Venezuela, encontró que un 48 por ciento de los niños menores de cinco años estaban desnutridos. Para abril de 2017 año, la cifra saltó al 56 por ciento y para febrero de 2018 se ubicó en el 78 por ciento con tendencia a seguir aumentando. Aún los resultados de marzo, el mes en curso, no se han producido y ya se estima que roce el 100 por ciento.

“Cada día es más difícil por el costo de vida, todos los días sube más el precio de la comida”, dijo Maite Escalona, ​​madre de Aiberth Tovar, un receptor de siete años que quiere unirse a los Cardenales de San Luis algún día.

Con gran impotencia y sus ojos llorosos, Escalona complementa: “El único país que se entristece cuando aumenta el sueldo es Venezuela, porque eso significa que el costo de la vida va a aumentar el quíntuple de lo que ganas”.

Suerte para la desgracia

Con la crueldad que supone, la realidad es que tal crisis beneficia a los chicos que afortunadamente todavía sus padres tienen cierta solvencia económica, son pocos y quizá los menos talentosos, pero aprovechan la cantidad de huecos que dejan los desnutridos para tener más opciones de incorporarse a las academias.

Debido a la crisis económica y altos índices delictivos, sólo cuatro equipos de la MLB -Los Cachorros de Chicago, Mantarrayas de Tampa Bay, Phillies de Philadelphia y Tigres de Detroit- siguen operando instalaciones de entrenamiento en Venezuela. En 2000, 18 clubes estaban presentes en el país.

“El noventa y cinco por ciento de los niños de mi academia provienen de familias que no pueden permitirse darles tres comidas al día con proteínas”, dijo Kander Depablos, director de una academia de béisbol en las afueras de la ciudad de Valencia, en el centro del país, donde 15 niños viven y entrenan.

Depablos se percató de la profundidad de la crisis cuando sus jugadores dejaron de querer ir a casa con sus familiares los fines de semana, como era usual.

“Me di cuenta de lo que estaba pasando cuando los pesábamos el lunes y veíamos que perdieron dos kilos durante el fin de semana”, relató a Reuters.

Cuando una joven promesa firma con un equipo a los 16 años, se dirige su centro de entrenamiento avanzado en República Dominicana antes de tener la oportunidad de jugar en las ligas menores de Estados Unidos y, con suerte, en la MLB.

“Uno tiene menos de dónde escoger porque hay menos físico en el país”, dijo José“Yoyo” Salas, un agente que dirige la academia Puro Béisbol en Caracas, que actualmente alberga a nueve jugadores jóvenes.

Redacción Notizulia