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La muerte salió en bus desde Maracaibo hace dos décadas

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Muchos jóvenes zulianos que hoy hacen vida universitaria ni siquiera habían nacido cuando un bus de la línea Expresos Maracaibo cayó al agua desde el Puente Sobre el Lago y le arrebató la vida a casi 50 personas. Ese recuerdo, sin embargo, aún enluta a muchas de nuestras familias, dos décadas después.

En la noche del 5 de abril de 1991, la pesada unidad se encontraba cruzando el puente cuando, apenas a dos kilómetros de Santa Rita –a la altura de la pila 66-, traspasó la isla, quedó suspendido en la baranda de contención y luego se precipitó al lago. Eran las 11:00 de la noche con seis minutos y 48 segundos según el reloj del conductor, el cual fue encontrado sin vida poco tiempo después.

El bus salió de la capital zuliana con destino a Caracas, y de acuerdo con las investigaciones, llevaba exceso de velocidad, de viajeros y equipaje, lo cual, unido a un desperfecto mecánico, ocasionó una tragedia difícil de olvidar.

Lo ocurrido

José Ríos, quien en el momento del accidente atravesada el puente en su vehículo con destino a Maracaibo, fue testigo excepcional del hecho.

“Una cosa es ver esos hechos en una película y otra muy diferente apreciar que la situación es real”, dijo inicialmente al diario Panorama, para luego añadir que, de inmediato, se trasladó a la cabecera del puente con el propósito de notificar a las autoridades sobre lo sucedido.

Mientras los cuerpos de seguridad y salvamento llegaban al lugar, los pescadores nocturnos –atónitos ante lo ocurrido- comenzaron a rescatar a quienes tuvieron la fortuna de emerger de aquel amasijo de hierro que se hundía lentamente en las oscuras y frías aguas.

La mayoría de las víctimas intentó escapar del bus por las ventanas antes que se precipitara al vacío; otras lo hicieron dentro del agua. Pocos lograron sobrevivir.

Sobre lo que realmente ocurrió, Mirta Quintero -una de las sobrevivientes- dijo que todo iba aparentemente bien hasta que de repente escuchó un estallido y se percató de que el conductor intentó en vano mantener el control de la unidad, pues ésta viró hacia la izquierda hasta que atravesó la isla central, chocó contra la baranda de contención y luego de unos instantes cayó al lago.

Por suerte, la unidad no impactó contra ninguno de los vehículos que se desplazaba a esa hora por tan importante vía.

Una dramática versión es la de Lisbeth Rosado, ciudadana de origen wayúu.

“Sé que algo crujió fuerte y el bus se fue contra la baranda derecha. Luego se detuvo. Todos sentimos que se columpiaba suavemente. Se movía como un chinchorro, pero haciendo un ruido extraño, como si los hierros se retorcieran por dentro. Por pocos segundos, la gente se quedó privada por el miedo. Los que venían dormidos se despertaron gritando como locos y los que estábamos despiertos quedamos mudos de espanto. El bus se meció como uno o dos minutos antes de caer. Recuerdo que todo el mundo comenzó a gritar desesperadamente y a levantarse. Fue entonces cuando cayó al lago… y en ese momento, todos los gritos fueron tragados por el agua”.

Cuenta que, aterrada y medio de la oscuridad, no hizo nada por salir, pero “algo” la sacó a la superficie y le devolvió la conciencia. Comenzó a nadar rezándole a Dios para salvar su vida, y encontró un bulto que la mantuvo a flote hasta que la rescataron unos pescadores. Por desgracia, en la misma unidad viajaba una hermana suya, quien no corrió con la misma suerte.

Excepcional es el testimonio del periodista José Antonio López Linares, quien tiene su versión sobre los hechos y no estaba en la lista oficial de pasajeros. Vea la entrevista realizada por el equipo del Canal 11 del Zulia (hoy Nctv) y escalofriantes imágenes sobre la cobertura del hecho a la mañana siguiente.

Excesos e incongruencias

La lista oficial indicaba que en la unidad había 52 pasajeros, sin embargo, los testimonios de algunos familiares hicieron presumir que viajaban por lo menos 20 personas más.

Por ello, la tragedia tuvo sus réplicas en la medicatura forense y Terminal de Pasajeros de Maracaibo. En estos lugares, cientos de familiares de las víctimas se agolparon para saber qué había pasado con sus seres queridos. El caos, desorganización y desolación se apoderaron de tales recintos.

La gente desesperada colapsó el terminal suplicando a los funcionarios información que les librara de la incertidumbre.

“Lamentablemente, motivado a la falta de una supervisión efectiva sobre las listas de pasajeros, muchos de ellos no fueron registrados la noche del fatídico accidente, con lo cual cualquiera que abordara las unidades a última hora podría estar entre los ocupantes del bus siniestrado… el número 17”, destacó la reseña de Panorama del 7 de abril.

“Barra de la dirección del bus causó la tragedia”. Esa fue la versión oficial de las autoridades, dada a conocer dos días después de los hechos. Según se supo, la unidad siniestrada había sido sometida días atrás a unas reparaciones de carrocería, sin que se chequearan sus partes mecánicas.

Las investigaciones determinaron que, en efecto, el bus tuvo contratiempos con su barra estabilizadora, lo cual, sumado a las condiciones antes descritas, originó la tragedia. De hecho, la pesada unidad fue sacada de las aguas y, ya en tierra, se comprobó que estaba desprendida la pieza que une al muñón con una de las ruedas delanteras.

Al intentar determinar las responsabilidades, los reporteros encontraban versiones increíbles. En el Imtcuma les decían que ellos no podían revisar las unidades antes de sus salidas porque se los impedía el extinto Ministerio de Transporte y Comunicaciones, a través de Tránsito Terrestre. El propietario de Expresos Maracaibo aseguró que la unidad estaba en “perfectas condiciones” y que su conductor, de apellido Mendoza, era “un profesional del volante”.

Entretanto, la sede de Expresos Maracaibo en el terminal era acordonada por efectivos de la antigua Policía Regional, para evitar que fuera tomada por masas enfurecidas.

“Vamos a investigar hasta las últimas consecuencias”, decían las autoridades, sin que se haya conocido hasta la fecha sanción o normativa alguna que impida la repetición de tragedias como ésta en el futuro.

Redactor: Jairo Márquez Lugo

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Infografía: Valeria Borjas/Cindy Villalobos

Video: Mariana Pirela

Imágenes: Cortesía Nctv / Diario Panorama