"No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista", reza un viejo refrán popular, pero para Nora Ferrer, una historia que se le ha vuelto cotidiana cuando la naturaleza de las aguas invade su casa ubicada en el sector Arismendi de Maracaibo, muy cerca de donde pasa la línea 1 del Metro. Ella lleva viviendo allí 60 años y asegura que “si las inundaciones que han demolido literalmente al sector no me han matado, entonces me quedan muchos años más de vida”.
Tres escalones y un muro son la única protección con la que cuenta. Sus piernas fallan para subir y superar este obstáculo. Por ello se sirve de un bastón mientras dice: "Esa no es gran protección, medio llueve por aquí y corre la cañada, este muro nos cuida de esas lluvias suaves, pero cuando de verdad se inunda esto, no nos salva ni un crucifijo".
Nora se cayó en noviembre del año pasado y a raíz de la operación le quedó una pierna más corta que la otra. Aparte, le salió una celulitis en el brazo. Sin embargo aún tiene fuerzas para hacer los oficios del hogar y cuidar a seis nietos, a quienes sus hijas confían cuando se van a trabajar en una zapatería.
"Hemos visto como la cañada se lleva flotando dos de nuestras neveras, una lavadora, tres colchones y mucha comida, pero ni modo, igual cada año el miedo aumenta y ya perdí la esperanza de salir de aquí. Sabemos que cuando llueva se va a inundar todo, por eso sólo nos queda esperar la lluvia y que sea lo que Dios quiera", afirma.
Ya han perdido la cuenta de la cantidad de baldes de agua que han sacado de su casa, que debido a la fuerte humedad tiene cuarteadas la mayoría de sus paredes. No son sólo ellos, si se preguntara casa por casa en Arismendi la situación, parecería que cada testimonio estuviera sacado de un mismo molde; todos llenos de tristes momentos.
Dos cercas y contando
No la había terminado, es más, el cemento estaba fresco y cayó un palo de agua que arrastró toda la cerca de raíz. Armando Valles de 55 años y su esposa María Medina de 52 ya no tienen dinero para más material.
Dos años seguidos han gastado sus ahorritos en bloques y cemento. En el 2010 no dio tiempo a “echar” la cerca, el agua se llevó todo estando en la sala de la casa y el año pasado cuando al fin lograron hacer el trabajo, la fuerte corriente se llevó todo.
Armando y María tienen 3 hijos de 10, 12 y 15 años. Trabaja en un carro por puesto alquilado "cuando el dueño se lo quiere dar", mientras tanto busca trabajitos ocasionales para sustentar la familia.
Tienen 20 años habitando el lugar y afirma que la esperanza la perdió el año pasado. "Intenté vender la casa y me querían dar 20 mil bolívares, con eso no compro ni un rancho de latas, así que ya estamos resignados a vivir aquí", dijo con cara de desesperanza.
Una estructura al fondo de su casa muestra el espacio que sería la cocina. Aún está sin techo. “La pared de la cocina está por desplomarse, otra lluvia y se cae” comentó María, mientras enciende una de las hornillas de la cocina que funge como lámpara, “ni luz tenemos”, expresó.
En más de una ocasión, la lluvia ha dejado a estas cinco personas sin colchones para pasar la noche, su única salida es irse a los bomberos corriendo, "a ver si les da tiempo tener un lugar puesto que todo el mundo se va para allá”.
Su peor experiencia fue en mayo del 2009. "El agua pasó la ventana y casi llegó al techo, arrastró hasta una camioneta y nosotros perdimos todas las cosas de la casa. No quedó nada.
Este es el drama de cientos de familias que están totalmente conscientes de que viven en lugares de riesgo extremo, pero que su condición económica no les permite salir a otros sitios. Todos mantienen una esperanza de algún día mejorar su calidad de vida y dejar de seguir viviendo… al borde la muerte.
Redactores: Johanny Pernía ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla ) / Valeria Perez-Segnini
Fotos: Luis Torres



