La Iglesia sigue atinándole al gran problema del venezolano

El Arzobispo de Maracaibo, Ubaldo Santana asegura que la Iglesia siempre estará del lado del que padece

Monseñor Ubaldo Santana, arzobispo de Maracaibo, considera que se deben encontrar salidas pacíficas a la crisis que atraviesa la nación en lugar de apostar por alternativas violentas. El representante de la Iglesia católica aclara que no señalan las carencias del pueblo por el mero hecho de querer hundir al Gobierno.

En esta entrevista profunda realizada por el diario La Verdad, Santana reflexiona sobre la crisis que aqueja al país y la labor de la Iglesia como institución social significativa.

Lamenta que los representantes del Gobierno nacional y de la oposición no entiendan las prioridades de los venezolanos, que –a su juicio- son la alimentación, seguridad y la salud. Trata de no ser pesimista pero advierte duros escenarios si no se atiende y se escucha al pueblo.

“Puede pasar que no estemos en capacidad de detener un estallido de mayor violencia y agresividad”, alerta monseñor Ubaldo Santa, arzobispo de Maracaibo, quien fue presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana entre 2006 y 2012.

Defiende los señalamientos que hace la Iglesia a los gobernantes y les aclara que no pretende ser un instrumento de algún poder imperial ni de partidos.

Apuesta por una salida pacífica a la crisis, porque de lo contrario advierte: “estamos fomentando las posibles fórmulas alternativas, que terminan siendo de más o menos violencia”.

¿Qué le dice a los venezolanos que no logran ver una salida a la situación del país?

El primer mensaje es que no se olviden que somos capaces de generar un mundo nuevo, no somos espectadores del fin de todo, somos capaces de trabajar para que las cosas empiecen a ocurrir de otro modo. Hay una actitud bastante fatalista de alguien que ve como si estuvieran pasando una película del fin del mundo, y no es así. Somos personas que en todo momento tenemos capacidad de actuar y revertir las cosas. Hay que despertar en la gran mayoría el sentido de la esperanza.

¿Hasta cuándo insistirá la Iglesia en sus llamados para que el Gobierno entre en razón?

Tratamos de ser una voz que interpela, que llama, que trata de manifestar la realidad de donde estamos metidos. No tratamos que sea la voz de la Iglesia, ni creemos que somos los únicos intérpretes del pueblo; pero la Iglesia es una realidad que está metida en las situaciones más sencillas, y podemos ser receptores y transmisores de las necesidades del pueblo.

¿La crisis ha acercado más a los venezolanos a la iglesia?

Sí. La gente se acerca más, siente la necesidad de fortalecer su fe y tener un contacto directo con Dios, buscando no solo que Dios le resuelva cosas que él puede, sino que buscan fortaleza de ánimo, y buscan que intervengan para que lo que nos está haciendo daño pueda concluir.

 

¿Cree que este Gobierno criminaliza más a los representantes de la Iglesia?

Entiendo que le pueda resultar molesto al sector oficial los mensajes y denuncias que la Iglesia hace. La Iglesia no señala las carencias por el mero hecho de querer hundir al Gobierno y dejarlo mal parado, lo hace como un veedor social. Nuestro rol es profético. No me gustaría generalizar que el Gobierno del Presidente (Nicolás Maduro) toma una actitud más criminalizante hacia la Iglesia. Creo que hay sectores más radicales que no ven con buenos ojos a la Iglesia, y que quisieran callarla y que no dijeran tantas cosas. Creo que la autoridad tiene que ver como hace para que esos sectores se moderen más. En el fondo, en Venezuela la Iglesia no pretende ser un instrumento a la orden de un poder imperial, ni aliada con ningún partido, ni sabotear, ni conspirar, no es nuestro rol ni lo queremos asumir. Pero ello no significa que los ministros de la Iglesia nos callemos viendo que algo no va bien.

¿Qué es lo más difícil o duro que ha tenido que ver en esta crisis?

Lo más duro es ver como no podemos, a pesar de todos los esfuerzos, atender a toda la gente que se nos acerca a pedir ayuda, a veces ni siquiera la ayuda espiritual. Es un momento duro porque los miembros de la Iglesia tenemos nuestras familias y tenemos que enfrentar las dificultades particulares. También nos hace sufrir mucho que no logremos ponernos de acuerdo para ver juntos las mismas necesidades y atender juntos soluciones a esas necesidades. Pareciera que tuviéramos lentes distintos, y que lo a que nosotros nos parece primordial que es comer, poder salir tranquilos, encontrar en el país lo que necesitamos; para otros el tema más importante es el poder político, el tema electoral, candidaturas, reunir masas, fomentar popularidad. Ahí está la contradicción que uno mismo no logra comprender.

¿Qué le espera a Venezuela ni no se atienen las prioridades?

Puede pasar que no estemos en capacidad de detener un estallido de mayor violencia y agresividad. Lamentablemente este tipo de situación termina colocando a los unos contra los otros, y son los mismos pobres los que terminan atancándose entre sí mismos y lo podemos evitar; porque al fin y al cabo los dirigentes tienen posibilidad de protegerse y tienen cómo cuidarse, pero el pueblo no lo tiene.

¿Es común que ciudadanos lleguen a pedir comida en las iglesias?

La Iglesia ha querido atender la necesidad a través de las caritas de las parroquias y hemos visto que se acercan muchas personas cuando ofrecemos los programas de alimentación en las parroquias. En las escuelas arquidiocesanas cuando hay comida aumenta el número de estudiantes, pero cuando se reduce la oferta disminuye. La gente liga una realidad con otra, si aquí consigo comida pues ahí voy a estar. Hay una demanda muy creciente de necesidad de alimentos. También nos llegan muchos a pedir ayudar a para atención de enfermos o cubrir los costos de exámenes médicos. La alimentación y la salud son las dos grandes preocupaciones de la gente.

¿Cuál es el mensaje para Venezuela?

Es difícil dar un mensaje de esperanza, pero lo importante es que entendamos que lo que nos rodea no son muros cerrados, siempre hay una puertica por donde podemos salir y por ahí tendremos que entrar los venezolanos. Tenemos que ayudar a mucho a abrir los ojos y de la esperanza para atinar la búsqueda todos juntos de esa salida.

¿La salida es electoral?

Se estuvieron examinando en un segundo intento de diálogo a ver qué elementos eran importantes para garantizar un tipo de salida electoral confiable, pero no llegaron a consenso. Si no buscamos salidas pacíficas estamos fomentando las posibles fórmulas alternativas, que terminan siendo de más o menos violencia, que crean divisiones profundas en un pueblo y que luego son difíciles de curar. Los venezolanos tenemos tiempo de revertir esa vorágine que nos envuelve y recolocarnos juntos en un cronograma de trabajo y voluntad para darle a esa salida un carácter más pacífico y pronto.

 

NOTIZULIA / Vía La Verdad