Más batacazos en Rusia, el Mundial de las quinielas rotas

Los considerados mejores del mundo no fueron referencia para que sus selecciones pasaran más allá de octavos

El sábado el mundo quedó estupefacto con las eliminaciones de Argentina y Portugal cuyas selecciones alegan tener al “mejor del mundo” entre sus filas y el domingo otro con etiqueta de favorito dijo adiós con más penas que gloria, España cayó en la trampa de la ruleta rusa y perdió en penales. La Argentina de Lionel Messi no logró defender un 2-1 que lo tenía arriba de Francia y permitió, con una saga escuálida y sin ideas que los “galos” les voltearan el marcador 4-2 y que a la postre terminara con marcador final de 4-3 en favor de los europeos.

El elenco francés encontró asociaciones y fue muy efectivo en velocidad que hizo lucir cansada y desarticulada a la defensa de Argentina. Lionel Messi no se proyectó en la cancha, pocos balones le llegaron y poco pudo hacer para generar.

La cruda realidad

Un delantero de verdad que se llama Kylian Mbappé acabó con una selección de mentira como es la Argentina de Leo Messi. El francés fue la expresión de un equipo poderoso mientras que el argentino es hoy el punto y final de un plantel caduco, más extraviado que nunca con el confundido Sampaoli. A los 19 años, el atacante del PSG ofreció un recital que solo se supone a un delantero completo, a veces extremo y en ocasiones delantero centro, decisivo en un partido de máxima exigencia, consciente de que enfrente tenía a Messi. Únicamente un jugador más joven que Mbappé había hecho un doblete en un partido de eliminatorias de un Mundial: fue Pelé en 1958, no Messi. El silencio del mejor jugador del mundo, superado por la emotividad de un colectivo sin fútbol, contrastó con el ruido que causó Mbappe.

“La Copa se mira y no se toca”, se susurra cada vez que Messi pasa por su lado, derrotado también en Rusia. A sus 31 años, difícilmente llegará a Qatar. Mbappé ha despedido de momento al rosarino; ahora falta saber si también le ha jubilado para la historia de los mundiales. No conviene de todas formas renegar del 10. El mérito de la albiceleste.

ha sido el de hacer creer que con un mal equipo podía salir campeona si hacía feliz a Messi. Y, de momento, ahí sigue esperando el 10.

Messi representa al fútbol y Argentina es ahora pasión, un equipo inflado por el fervor de su hinchada, espasmódico en la cancha, falto de jugadores y de organización, retratado en el histriónico Maradona. Tiene tanto amor propio que es capaz de disimular con goles y acciones episódicas bocanadas de supervivencia, las carencias que los rivales le descubren en la cancha, evidentes en Kazán. Francia fue muy superior individual y colectivamente y, sin embargo, acabó el partido expuesta a un último tiro peligroso de Meza.

Aislado y aburrido, Messi era una hoja barrida por el vendaval de los volantes de Deschamps. Francia cabalgó a lomos del pura sangre Mbappé. El extremo forzó una falta que Griezmann remató al larguero, provocó un penalti de Marcos Rojo que transformó el jugador del Atlético y exigió una entrada de emergencia de Tagliafico. Tres remates de gol nada más empezar el día que dejaron una ventaja mínima para Francia.

Jugaba muy bien al espacio el equipo de Deschamps. La mayoría de sus transiciones sorprendían a Argentina. A los zagueros de Sampaoli no les quedaba más remedio que responder con el cuerpo a tierra a las vertiginosas conducciones y cambios de ritmo de Mbappé. No daba abasto Mascherano y se escondían los diez jugadores de la albiceleste espantados, con miedo a perder el balón para no facilitar el contragolpe veloz de Francia.

Ronaldo desapareció

En el caso de Portugal, solo en el juego inicial ante España, Cristiano Ronaldo se proyectó a fondo y se transformó él solo en Portugal, pero de allí en adelante el crack madridista fue desapareciendo al punto que Portugal cedió ante un poderoso, cohesionado y bien plantado elenco ‘charrúa’ que hasta ahora ha jugado un muy buen Mundial.

Impulsado por un enorme Edinson Cavani que acabó lesionado, Uruguay clasificó este sábado a cuartos de final al derrotar 2-1 al Portugal de un Cristiano Ronaldo que sigue la senda de Lionel Messi, eliminado antes por Francia, tras una jornada que deja al Mundial de Rusia sin diez balones de Oro.

Solo tardó siete minutos el “Matador” en llamar el partido con su nombre tras aparecer volando en el área para rematar un pase de Luis Suárez. Pero la vigente campeona de Europa no iba a dejar así las cosas y Pepe igualó al inicio de la segunda parte con un testarazo en el 55.

Con el partido más abierto que nunca y Portugal creyendo en la remontada, apareció de nuevo la magia de un Cavani desatado para poner el 2-1 definitivo con un lindo lanzamiento cruzado desde la frontal del área en el 62.

La preocupación saltaría menos de diez minutos después cuando el héroe del partido, ante un CR7 bien amarrado por la zaga uruguaya, tuvo que salir cojeando del campo apoyado precisamente en el astro.

Finalmente, Cavani era sustituido por Stuani mientras la marea celeste de Sochi se caía coreando su nombre.

Con Cristiano y Messi fuera, Uruguay se medirá ahora con la peligrosa Francia en los cuartos que se disputarán el próximo viernes en Nizhni Nóvgorod.

España decepcionó

La selección de España, la del sufrimiento interminable, se despidió este domingo del Mundial 2018 con un castigo a la especulación y con la mala fortuna de su pasado en la tanda de penaltis final, tras caer en la maldición del anfitrión frente a Rusia.

Instalada en una imagen alejada de la brillantez que le condujo a la gran cita de Rusia, España se despidió del torneo élite sin mostrar su potencial. Con un dominio sin pegada en un duelo en el que especuló ante un rival inferior en calidad que encomendó todo a la tanda final. Los fallos de Koke y Aspas más la ausencia de una intervención de De Gea impulsaron el triste final de la leyenda Iniesta.

El balón se tiñó de rojo pero solo sonrío cuando pasó por las botas de Isco. España pedía a Marco Asensio y le faltó dar el paso en personalidad para desbordar. El plan de Rusia era tan simple como efectivo. Balones en largo al gigantón Dzyuba, que se topó con el oficio de Ramos, y velocidad como castigó al mínimo error en el pase español. Fue cuando la figura de Koke mostró su importancia en el repliegue. España ganaba equilibrio. Busquets respiraba.

Adentrarse en un escenario perfecto, explotando el balón parado que marca este Mundial, adelantándose en los primeros minutos en un duelo del todo o nada, lejos de beneficiar a España perjudicó a su lectura del partido. Rusia estaba obligada a cambiar su plan sobre la marcha, pero no tenía ninguna intención.

Reaparecía un peligro ya conocido: el toque sin intención. Ni verticalidad ni ritmo. El abuso del pase horizontal para inyectar anestesia hasta al cronómetro, sin pisar línea de tres cuartos, instalada en un juego intrascendente. España se olvidó de atacar, como si su gol fuese garantía de éxito por su labor defensiva, en un torneo instalada en el error continuo.

Y como si el penalti o la falta regalada cerca del final a Cristiano para el empate, o el malentendido entre Iniesta y Ramos ante Marruecos no fuesen suficientes, Piqué añadía uno más a la colección de despropósitos. Saltó de espaldas tras córner, con los brazos arriba y el testarazo de Dzyuba le golpeó. Penalti claro. La ocasión para la resurrección de De Gea, engañado en el lanzamiento.

La actitud se modificó en la reanudación. España batió cualquier récord de toques en un Mundial, aumentó la velocidad, pero no encontró espacios en un rival encerrado. Rusia juntó líneas y se encomendó con sus cambios a su velocidad en el contragolpe. Hizo un favor Cherchésov al retirar a Dzyuba. La zaga respiraba sin el gigantón. Pasaban al plan b, la velocidad de Dénis y Smolov.

El tiempo se le escapaba entre las manos a España, que ya chocaba contra un muro con insistencia, y entre un cabezazo de Ramos que no evitaba la prórroga. Rusia firmaba los penaltis y Hierro no quiso perder, renunciando a juntar dos puntas hasta la segunda parte de la prórroga. Nacía con la visión de Isco al desmarque de Aspas, Carvajal no encontraba puerta en su remate. El total dominio de España no dejaba más peligro que un disparo de Asensio y un cabezazo de Piqué que no arreglaba su error.

Con las fuerzas justas, España murió en campo rival y acarició el tanto del milagro gracias a Rodrigo. Una jugada le pudo impulsar a la gloria, con regate mágico pegado a banda y una carrera elegante que no acabó en la red ni cuando Carvajal chutó con el corazón en un puño de todo un país.

La mala fortuna que marcó un tiempo pasado sobrevolaba el Luzhnikí. España se desesperaba con un penalti a Piqué que el VAR no quiso dar y en la tanda final se dejaba por el camino la estrella. Los fallos de Koke y Aspas mandaban a casa a una candidata que en ningún momento lo demostró.

De esta forma, Alemania, Argentina, España y Portugal, todos con etiqueta de favoritos, al menos para semifinales, terminaron fuera temprano en un Mundial donde nadie es enemigo pequeño.

NOTIZULIA / Agencias