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El “beso negro”: un gusto que puede terminar en susto

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sexualidad
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Si le llamamos por su nombre científico, “anilingus”, nadie sabrá de qué estamos hablando. Si hacemos referencia en público al famoso “beso negro”, más de uno volteará y hasta se sonrojará. Y quien se ríe solo, de sus andanzas se acuerda…

Apegándonos al concepto técnico, “anilingus” no es más que la práctica de sexo oral en el ano, algo cada vez más popular en la industria audiovisual del entretenimiento para adultos.

Dicha práctica no se remite a parejas heterosexuales ni disminuye la masculinidad del hombre, como algunos podrían pensar. No tiene por qué implicar, además, una penetración anal con el pene, los dedos u algún otro objeto. Eso queda a criterio de cada quien.

Ciertamente, el ano no es un órgano sexual, pero posee “una serie de terminaciones nerviosas que pueden causar placer y excitación en hombres y mujeres al ser estimuladas”, explica J.J. Delgado Dupont, sexólogo y urólogo zuliano.

Placer reservado

El “69” y el “perrito” son las mejores posiciones sexuales para disfrutar el “beso negro” –también conocido como “beso polaco”-, en especial la primera, pues al interesado le permite tener los genitales de la pareja cerca de su boca y a la vez recibir placer oral de ésta.

Lo que no se recomienda, en tal sentido, es practicarlo con personas desconocidas o de dudoso aseo, pues el ano es, también, “una cloaca de desechos” según Delgado Dupont.

Más allá de la higiene, vale considerar que el ano es o puede ser portador de bacterias, virus o parásitos, tales como hepatitis A, B y C, lombriz intestinal, clamidia, Virus del Papiloma Humano (VPH), gonorrea y herpes.

También representa un riesgo aproximar la boca a los genitales inmediatamente después de haberla introducido en el ano, pues ello puede provocar el ingreso accidental de bacterias como la Escherichia Coli en la uretra y, como consecuencia, una infección del tracto urinario.

El VIH/Sida no parece ser fácilmente transmisible a través de esta práctica, pero los expertos afirman que existe cierto riesgo de contagio.

El riesgo de transmisión de enfermedades sexuales se incrementa si el “receptor” tiene heridas o llagas abiertas en su ano, o si el “emisor” tiene heridas o llagas en la boca, e incluso sangrado de encías.

Tales heridas pueden ser de carácter microscópico y e inducidas luego de cepillarse los dientes, usar hilo dental, curaciones dentales recientes o incluso ingerir comidas crocantes –como papas fritas-.

Una cifra preocupante: las personas que han tenido más de cinco parejas con las que han practicado sexo oral incrementan en 250 por ciento sus probabilidades de padecer cáncer de garganta. Lo publicó el Periódico de Medicina de Nueva Inglaterra. Guerra avisada…

¿Solución?

Irremediablemente, se piensa que lo ideal es vivir la experiencia del “beso negro” con una pareja estable. Cuando esto no sea posible, se sugiere una solución que luce incómoda, pero efectiva: una barrera dental o “condón” oral.

¿Cómo es eso? Simple: se pueden usar las barreras dentales empleadas por los odontólogos durante las cirugías u otros procedimientos. En su defecto, puede fabricar una recortando un preservativo.

Otra opción es emplear envolturas de plástico, pero éstas son menos recomendables, pues restan sensibilidad.

Si desea agregarle un buen gusto a la barrera, pase por una tienda de juguetes sexuales para adquirir un gel saborizado o hágala a partir de un condón saborizado.

Redactor: Jairo Márquez Lugo

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Fuentes:

www.universoalessandra.com

www.es.wikipedia.org

www.femenino.info