Cuádruple homicidio estremece Primero de Mayo

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Una ráfaga de disparos retumbó, ayer a las 10.00 de la noche, en la calle 24 con avenida 84 del sector Primero de Mayo, parroquia Chiquinquirá del municipio Maracaibo, cuando cuatro hombres asesinaron a tres adultos y a una niña durante una parrillada. Los familiares de las víctimas se negaron a ofrecer declaraciones a los medios de comunicación, señalaron los rastros de sangre que impregnaban la acera del frente y les exigieron que se marcharan.

“Esta no es su casa. Váyanse”, repetían una y otra vez mientras cerraban el portón de barrotes verdes de la entrada de la humilde vivienda. El hermetismo creado por los parientes de los occisos duro poco. Los vecinos no estaban dispuestos a desaprovechar la oportunidad, armados de valor relataron lo sucedido.

Visitar a la abuela, darle un abrazo y compartir con ella los últimos días de su existencia se convirtieron en la excusa perfecta para organizar un compartir. La alegría de los 20 invitados contagiaba a los habitantes de la cuadra, se asomaban por las ventanas e incluso colocaron sillas plásticas en los porches con el propósito de observar la celebración.

Solo el fuego que salía de los carbones de la parrillera destellaba en medio de la oscuridad. Adolfo José Matos, Yumer Rafael Chávez Coronado (44) y Ángel Chávez (29) condimentaron la carne y el pollo, los colocaron encima de la rejilla, debían esperar que se doraran por completo. Esto, antes de que los mataran,

Media hora después, Isabel Cristina Soto, de tres años, caminó de la mano de Lisbeth Josefina Soto (47), su madre hasta la parrillera. El olor que desprendía la comida anunciaba que estaba lista, Gabriel Gómez también lo sabía, abandonó la cocina y se dirigió al frente, detalló un allegado a la familia, cuyo nombre no quiso mencionó.

María González, vecina del sector, vio un vehículo Corolla, gris, estacionado en la esquina de la calle 83B con avenida 29A, lo reconoció, era el mismo que hace un momento había pasado junto a ella. Los nervios la invadieron cuando cuatro jóvenes descendieron, cerraron las puertas y comenzaron a caminar pegados a las paredes de concreto de las casas.

Masacre

Una vez parados en el frente de la residencia, los antisociales sacaron las armas de fuego que tenían escondidas debajo de las camisas, apuntaron a los presentes y comenzaron a disparar en reiteras oportunidades. Un pequeño, de 12 años, logró escabullirse durante la balacera, se metió debajo de un camión azul destartalado que estaba parqueado en el garaje.

El resto de los invitados que se encontraban afuera, no corrieron con la misma suerte, las balas los alcanzaron. Adolfo, Yumer, Ángel y la niña murieron en el sitio, mientras que Lisbeth y Gabriel resultaron heridos de gravedad.

Los testigos del cuádruple asesinato corrieron despavoridos, entre ellos María, se levantó de la silla de mimbre desde donde observó a los sicarios bajarse del carro. Salió a toda prisa, pero en el trayecto resbaló y cayó sobre el pavimento, ahí permaneció hasta que los hombres huyeron. “Tenía miedo”, las lágrimas corrieron por su rostro cuando vio a Isabel estremecerse en medio de la carretera.

Una comisión de la Policía regional acompañada por los funcionarios de la Policía científica acordonó la zona, apartaron a los curiosos que se aglomeraban en las esquinas y le pidieron a los dueños de la casa que conservaran la calma. Como la unidad de medicina legal no llegaba trasladaron a los infortunados hasta el Hospital Central donde los médicos de guardia certificaron sus decesos.