Conoce a fondo a "Hernancito" asesino de Gustavo Polidor abatido

"Yo soy 'comerciante' y siempre seré 'comerciante' y voy a salir de aquí a cobrar lo mío", fueron las palabras de "Hernancito" a la jueza y viuda de Gustavo Polidor, Eduviges Fuenmayor de Polidor, amenaza proferida desde la Penitenciaría General de Venezuela donde pagó condena por más de 20 años por el crimen de Gustavo Polidor y el caso Terrazas del Ávila

Si alguien puede respirar hondo con aires de ‘tranquilidad’ tras saberse la noticia de la muerte, este jueves 26 de julio del corriente, durante un enfrentamiento con efectivos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) en la ciudad de Caracas, de Hernán Gregorio López Ortuño “Hernancito”, es la jueza Eduviges Fuenmayor (Viuda) de Polidor, quien se enfrentó una y mil veces a la tragedia de tener que lidiar con este sujeto durante casi toda su vida para encontrar la justicia al recordado y conmovedor crimen de uno de los beisbolistas más queridos en Venezuela y quien fuera el padre de sus tres hijos, el exgrandeliga Gustavo Adolfo Polidor García, hecho acaecido en Colinas de Santa Mónica en 1995.

López Ortuño fue detenido y en menos de un año ya estaba dando sus próximos pasos criminales en las calles de la capital de la República, principalmente en el Oeste, donde pululaba siempre liderando actos de alto nivel delictivo. Así fue como en 1996 fue coprotagonista de otro de los hechos que estremecieron al país y que aún se recuerda como algo realmente impactante, el caso de rehenes en Terrazas del Ávila que también terminó con saldo negativo y no precisamente para López Ortuño.

Pero, ¿quién fue ‘Hernancito’ de dónde salió este sujeto y cómo es que logra, con un prontuario como el suyo, salir ileso una y otra vez?

Semblanza

Escudriñar en la infancia y la adolescencia de Hernán Gregorio López Ortuño no es tarea fácil y tampoco del interés de esta nota, pero como premisa hay que decir que proviene de los cerros humildes de Caracas, donde naces marcado por la necesidad de escoger dos caminos a seguir. “Hernancito” tomó el suyo y no fue el camino del bien.

Beatriz Ortuño de López, su madre, una humilde mujer vivió siempre con el martirio de ir a buscar a su muchacho a las delegaciones policiales o de no dormir por las noches cuando éste andaba en lo suyo, el delito.

Fue ella, su madre, quien sirvió de mediadora en una negociación que terminó en la entrega del delincuente, durante el operativo en Terrazas del Ávila, acto que quedó grabado para la posteridad a través del trabajo periodístico de los medios audiovisuales.

López Ortuño desde jovencito estuvo vinculado a bandas que se dedicaban al robo, venta de sustancias psicotrópicas y más adelante fue forjando su camino en materia de extorsión, secuestro y homicidio.

“Hernancito”, trascendió en el rango delicuencial con el crimen contra la persona de Gustavo Polidor, exgrandeliga y entonces pelotero de los Tiburones de La Guaira. Pero su prontuario no terminaría allí.

“Hernancito” fue capturado por el homicidio de Polidor y poco después se fugó del Retén de Catia. Cuatro meses luego de la fuga, su rostro figuró en la televisión nacional en una situación de rehenes en Terrazas del Ávila, al este de Caracas.

Dos décadas después “Hernancito” volvió a ser noticia, el centro de un escándalo que involucró a la hasta hace poco fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz cuando era otra, muy, pero que muy diferente a la de ahora.

El crimen de Polidor

Eran las 9.00 de la mañana del 28 de abril de 1995, una mañana normal como cualquiera. El beisbolista Gustavo Polidor se encontraba en su residencia, la quinta “MariMichelle” situada en Colinas de Santa Mónica, al oeste de Caracas. Encendió su camioneta negra, marca Grand Blazer, para disponerse a realizar diligencias domésticas junto con su esposa Eduviges Fuenmayor de Polidor y su hijo menor de dos años de edad.

“Duve”, como éste le decía a su cónyuge, ya había llevado a María de  Los Ángeles y a Michelle, las dos niñas mayores de la pareja, al colegio. La esposa de Polidor, atravesó la calle frente a su casa para dejar dos bolsas de basura en el contenedor y regresó.

El pequeño Gustavo Adolvo Polidor Fuenmayor estaba acomodadito atrás de la camioneta en una silla para bebés. Cuando “Duve” se disponía a montarse del lado del copiloto en la camioneta, aparcada en el estacionamiento de la casa, Gustavo miró por el retrovisor y ya era tarde: “Coño ‘Duve’ mira pa’ atrás”, Hernán Gregorio López Ortuño “Hernancito” y Marcos Tulio Quintero Flores “Marquitos”, cada uno con armas de fuego en mano, sometieron de un lado y del otro a la pareja.

“Me dijeron que me subiera a la camioneta y a él (Gustavo) que se quedara afuera, pero a Gustavo no le gustó que ellos pretendieron llevarse al niño y les dijo: ‘Llévenme a mí si quieren, pero al niño no se lo llevan’. Fue entonces cuando las cosas se salieron de control. ‘Hernancito’ me sacó del carro junto con mi niño y me metió dentro de la sala, mientras ‘Marquito’ siguió apuntando a Gustavo. De pronto escuché una detonación, ‘Marquito’ le había dado un tiro en la cabeza a mi esposo y luego ‘Hernancito’ corrió y le disparó a Gustavo en el abdomen y salieron como una exhalación de la casa. Me acerqué a Gustavo y estaba tirado inconsciente y manando sangre de su cabeza, salí a la calle gritando y de pronto vi venir una vieja camioneta Jeep Wagonner, traté de que me auxiliara y resulta que ésta era la que venía a buscar a los delincuentes –piloteada por Carlos Rubén Villanueva, quien cayó preso y aportó datos para la detención de López Ortuño- mi vecino Ernesto García, fue quien me ayudó. Llevamos a mi esposo a la Clínica Atías donde certificaron su muerte”.

Ese fue el relato que siempre contó Eduviges “Duve” de cómo ocurrieron los hechos. Con lo que “Duve” nunca contó fue con la displicencia del Gobierno –el de turno y el actual- en relación con el trato hacia este delincuente y con la desidia de “permitir” su escape de prisión una y otra vez para seguir cometiendo delitos, tal como ocurrió en Terrazas del Ávila.

El trágico “circo” en Terrazas del Ávila

Aún estaba fresca la muerte de Polidor. Eduviges Fuenmayor, María de Los Ángeles y Michelle Polidor Fuenmayor, familia directa del pelotero aún lloraban su reciente asesinato, al igual que don Héctor Polidor y doña María Auxiliadora García de Polidor, padres del exgrandeliga y entonces, el día lunes 16 de abril de 1996 –mismo mes, un año después de lo de Polidor- posterior a las 8:00 de la noche, María Magdalena Monagas salió del gimnasio al que acostumbraba asistir, ubicado en la urbanización Chuao al este de Caracas.

Mientras se despedía de una amiga en el estacionamiento del gimnasio fueron abordadas por dos sujetos armados que las sometieron, e introdujeron; a María Magdalena en su honda Civic rojo, mientras dejaban ir a la otra chica, al parecer porque su carro no arrancó.

Julio César Castro Zambrano y Hernán Gregorio López Ortuño, alias “Hernancito”, le aseguraron a la joven que no le harían daño si cooperaba con ellos y la conminaron a que los llevara a su casa.

La chica a la que dejaron libre se puso en contacto con el novio de María Magdalena, Reiner Sifontes, y este avisó a la Policía Municipal de Sucre que envió una comisión al apartamento de la joven, en las residencias Mi Refugio en Terrazas del Ávila.

Cuando los delincuentes llegaron al apartamento de María Magdalena allí estaba su hermana Lorena, en pijamas, viendo televisión. Los sujetos se hicieron rápidamente de un botín respetable: una computadora, un equipo de sonido, varias joyas y hasta perfumes.

Cuando estaban listos para marcharse les prometieron a las jóvenes que les dejarían el carro en el Centro Comercial Ciudad Tamanaco.

Pero justo en ese momento el destino se torció, los delincuentes se dieron cuenta que el edificio estaba rodeado por la Policía de Sucre, por lo que decidieron tomar a las chicas de rehenes. Así empezaron 20 largas horas de agonía.

Una entrega de circo

“Hernancito nos pidió que llamáramos a los medios de comunicación. Nos dijo que buscáramos en la guía telefónica o que llamáramos al 103 para pedir los números de las televisoras. Quiso que estuvieran presentes para que todo el mundo viera que él estaba allí y que no lo fueran a matar. Castro Zambrano decía que él saldría libre o muerto”, aseguró semanas después Lorena Monagas al periodista de El Nacional, Edgar López.

La primera petición de los antisociales fue un carro para huir y así empezaron varias tentativas de negociación como la descrita al inicio de este relato.

Conforme pasaban los minutos lo que ocurría parecía un calco de San Román: tensión, una enorme cantidad de curiosos y una evidente descoordinación policial.

Así pasó la noche en vela y a la mañana siguiente un sacerdote, Juan Fernández, se sumó a las negociaciones.

Poco antes del mediodía la Policía Técnica Judicial (PTJ), hoy CICPC recurrió a una carta que tenían bajo la manga: llevar a la madre de “Hernancito”, Beatriz Ortuño de López, para que le pidiera entregarse.

Luego de un intercambio de palabras y lágrimas, “Hernancito” salió del apartamento con una de las chicas, Lorena, mientras su compinche se quedaba con María Magdalena e insistía en que solo saldría “libre o muerto”.

Se notaba que “Hernancito” estaba bajo los efectos de algún tipo de sustancia, pues dio un extraño discurso ante las cámaras, e incluso aseguró que adentro había cinco rehenes:

_Miren que la cámara grabe algo. Dejen…Pónte a grabar ahí..que salga en vivo.

Cuando tuvo la cámara en frente, mirándola muy fijo empezó su discurso:

_Escúchenme bien, a ninguna de esas personas que están adentro les ha sucedido nada. Únicamente sucedió el fenómeno que ha sucedido…valga la redundancia. Pero nosotros no somos ningunos asesinos como han hacido (sic) ver.

La entrega de “Hernancito” no le cayó bien a Castro Zambrano, quien empezó un tiroteo y logró herir a un funcionario policial, Jesús Rivas, que quedaría impedido de por vida. Durante el traslado de Rivas para que recibiera atención médica fue atropellado el comisario Henry Vivas, para entonces jefe de Operaciones de la Policía Metropolitana (PM).

Solución final

Luego del tiroteo las cartas estaban echadas y las autoridades decidieron ingresar por la fuerza al apartamento, en un operativo tipo comando, que se cumplió poco después de las 5.00 de la tarde de ese 17 de abril.

Los comandos especiales de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) Hoy Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN)  bajaron en rapel por la parte posterior del edificio, hasta llegar a las ventanas del apartamento de las hermanas Monagas.

No todos los comandos se pudieron situar en las posiciones planificadas, uno siguió de largo y de repente se oyó una explosión y empezó el tiroteo.

Castro Zambrano corrió y se atrincheró en el baño, usando a la joven como escudo humano y allí los dos recibieron múltiples heridas de bala. Él falleció en el sitio, ella camino al hospital de El Llanito.

El comisario de la PTJ, José Ramón Lazo Ricardi justificó la acción, argumentado la violencia de Castro Zambrano, pero los deudos de María Magdalena piensan que si no fuese por la acción policial ella estaría viva.

“Si la policía hubiese dejado pasar más tiempo, Magdalena hubiese salido perfectamente de eso. Mi hermana no habría muerto (…) El apuro lo tuvieron las personas que entraron. Siempre se dijo que no entraran. Ella misma dijo `no entren’. Yo cuando salí les dije que no entraran”, rememoró con dolor Lorena en la entrevista con López.

El novio de María Magdalena, Reiner Sifontes, quien siguió los acontecimientos desde un piso debajo del apartamento de las chicas, fue más duro con sus palabras: “En ningún momento hubo sorpresa. Cuando detonaron la puerta con explosivos plásticos y no con una bomba de agua como se ha dicho, podía oír: ‘Se va volar la puerta’, ‘todo el mundo pendiente’, ‘todavía no’, ‘ya va’… Si yo, que estaba en el piso 3, oí todo eso, igual lo pudo oír el delincuente que estaba en el interior del apartamento.”

Sifontes le relató a López que “la persona que entró a rapel por el balcón, lo hizo disparando. Si tú estás temiendo por la vida de un rehén, cómo vas a disparar a ciegas”.

Presos sin sentencia y amenazando

Hernán López Ortuño y Marco Tulio Quintero estuvieron presos en la Penitenciaria General de Venezuela (PGV) por 10 años sin ser sentenciados por el caso Polidor. Durante ese tiempo la viuda se graduó de abogada, hizo un postgrado y una especialización y nunca abandonó la lucha para que pagaran por su crimen.

Eduviges de Polidor recibió amenazas de los asesinos e intentaron extorsionarla policías, según le relató al periodista Leo Felipe Campos para Contrapunto: “Ellos me mandaron a amenazar y yo sola me enfrenté a todos. Cuando Marco Tulio mató a Gustavo tenía apenas 11 días de haber salido de prisión… Los policías me llamaban por teléfono y me decían: ‘Aquí te tengo al tipo, si quieres lo matamos’, como esperando que les diera dinero, pero yo les respondía que no, que si era verdad que lo tenían, que lo metieran en la cárcel… Estando preso, Hernán López me mandaba a decir que me quedara tranquila, que él sabía que seguía preso por mí, pero que él iba a salir y que él era un ‘comerciante’ y que seguiría siendo un ‘comerciante’ y tarde o temprano cobraría lo suyo”.

López Ortuño fue condenado a 28 años de prisión por el homicidio de Polidor y a otros 25 por la toma de rehenes en Terrazas del Ávila, pero como la pena máxima en Venezuela es de 30 años esa fue su sentencia.

La otra Luisa Ortega Díaz

Eduviges Fuemayor de Polidor siguió carrera judicial y se convirtió en jueza y el martes 28 de abril de 2015 denunció que el asesino de su esposo había huido de la cárcel, valiéndose de un “beneficio de confianza” otorgado por la ministra del Sistema Penitenciario, Iris Varela, que le permitía salir de la PGV a trabajar y regresar de noche a dormir, lo que aprovechó para evadirse justo el primer día que gozó de la prerrogativa, según le habían informado jueces amigos.

Temía por su vida y la de una de sus hijas que vivía en Venezuela, porque la mayor y el niño que presenció el asesinato de su papá se habían marchado a Estados Unidos hacia tiempo.

La viuda denunció que el evadido era “Hernancito”, por la información errónea que recibió, pero quien se había fugado era Marco Tulio Quintero, alias “Marquitos”.

Pese a que corrigió su denuncia fue desacreditada por la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, cuando estaba en una acera muy diferente a la que está ahora y la acusó hasta de querer desestabilizar.

“La Fiscal general sale a decir que quiero crear caos, que quiero generar zozobra. Pero no dice que sí se fugó uno de los homicidas de mi esposo. La Fiscal general dice lo que le conviene. Sí claaaaroo, ella tiene razón, no se fugó ‘Hernancito’, pero sí se fugó Marco Tulio Quintero Flores, el hombre que le disparó en la cabeza a Gustavo. A la Fiscal se le olvidó decir ese pequeño detalle”, aseguró Eduviges de Polidor a Leo Felipe Campos.

Activista, líder penitenciario y ¿protegido?

En las tétricas y aisladas instalaciones de la PGV, “Hernancito” fue joven y se hizo más mayor. Allí fundó una organización que denominó Semillero Socialista.

Sus férreas inclinaciones por el chavismo –no se sabe si para ganar indulgencia y ganarse a los gobernantes de turno o por convicción izquierdista- le vincularon con directivos de la PGV y con la propia ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela, quien se veía muy cerca de López Ortuño en sus visitas al reclusorio.

Esa Asociación Civil Semillero Socialista tuvo como objetivo, de acuerdo con lo publicado en la cuenta de facebook del reo –los reos no deberían tener cuentas de facebook ni acceso directo a Internet, pero en Venezuela ellos tienen más privilegios que quienes están en libertad- promover la integración social dentro del penal y la reinserción del privado de libertad a la vida social a través del trabajo, el deporte, la religión y la cultura.

López Ortuño fue un líder máximo en la PGV. Se cansó de realizar talleres de pintura con exposiciones, torneos deportivos, unidades de producción de alimentos como panadería penitenciaria, área de siembra de agrocultivos, realización de competencias deportivas y culturales, encuentros musicales, entre muchas otras actividades sociales, entre las que se incluía atención médica integral y eucaristías, su presencia en el penal era importante, su trabajo social también, no reconocerlo sería irresponsable, aun cuando al final nada de eso sirvió para su reincorporación a la vida social por el buen camino. Hernán Gregorio nunca se enderezó, nunca se arrepintió, nunca corrigió el camino y ello lo llevó a su triste final.

Sus logros para dignificar la vida del preso era una mampara para escudarse y seguir por el camino delictual al punto de ser vinculado con el secuestro de un empresario por el cual pedía como rescate la suma de 700 mil dólares. Fuentes vinculadas a la policía científica aseguran que Hernán Gregorio ordenaba ejecuciones y operaciones en la calle desde la cárcel y que muchas fueron sus víctimas.

La muerte del asesino

Hernán Gregorio López Ortuño murió este 26 de julio en la madrugada, durante un supuesto enfrentamiento. Es conocido por su apodo: “Hernancito”.

Funcionarios del CICPC lo encontraron en Artigas del municipio Libertador.

De acuerdo con información policial, la División Contra Secuestros del CICPC investigaba el plagio de Youseff Cheren, de 74 años de edad, denunciado por sus parientes el 17 de abril. Este hecho ocurrió en Sebucán, municipio Sucre del estado Miranda.

Para su liberación, los delincuentes exigían el pago de 700.000 dólares; pero una vez que el CICPC intervino en las conversaciones con los secuestradores se redujo el pago a 10.000 dólares y piezas de joyería.

El 23 de abril se acordó la entrega del dinero y la liberación de la víctima, según establece el protocolo de investigación del secuestro. El pago se efectuó en La Victoria, población del estado Aragua, pero los delincuentes no liberaron al septuagenario. Dos días después, el CICPC rescató a Cheren, ciudadano sirio.

“Hernancito” implicado

El CICPC continuó con las investigaciones del caso y llegó a “Hernancito”. Según sus pesquisas, él habría sido parte del grupo de secuestradores que capturó al ciudadano sirio. Presuntamente le habría desmembrado un dedo a la víctima.

Las pistas los condujeron hacia la calle Luis Razetti, sector La Quebradita 1 de Artigas. Allí, en las residencias Vista Hermosa, se encontraba López Ortuño, quien supuestamente alzó sus armas en contra de la comisión. Hubo un enfrentamiento en el que murió el sospechoso.

Los funcionarios del CICPC no pudieron ejecutar la orden de aprehensión firmada por el Tribunal 51° de Control del Área Metropolitana de Caracas (AMC) en contra del presunto secuestrador.

En el sitio encontraron dos celulares investigados y una pistola Jennings, calibre 380 mm.

“Hernancito” cumplió su sentencia en la Penitenciaria General de Venezuela (PGV), donde estudió y obtuvo títulos de Ciencias Políticas y Gestión Ambiental, según declaró en 2015. Se convirtió en líder de los presos y en 2016, cuando se originó un motín, él fue parte de los negociadores con las autoridades. En ese momento dijo a Efecto Cocuyo que su condena estaría por terminar.

NOTIZULIA / Con información de Efecto Cocuyo / Caraota Digital / El Nacional / Crónica Policial / Versión Final