Más de 20 mil médicos emigraron del país a causa de la crisis

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Para los venezolanos encontrar una medicina, insumos y costear un tratamiento médico es cuesta arriba. Asistir a sus típicas consultas o conversar con los especialistas de confianza una tarea titánica, casi imposible. La diáspora de profesionales venezolanos dedicados a la salud es evidente. La crisis, entre otras causas, hace que busquen nuevas fronteras y una vida mejor. Los consultorios de clínicas y hospitales permanecen vacíos y en las universidades cada vez son menos lo que se gradúan. 

En los últimos años más de 20 mil médicos emigraron del país según la Federación Médica Venezolana (FMV), la cual detalla que en los últimos tres meses los casos reportados aumentaron, incluso en veteranos de 60 años. The New York Times en su reportaje Morir lejos de casa: el exilio médico de los venezolanos, desglosó el viaje de los pacientes a otras latitudes para tratar su salud, ante la crisis que caló en cada uno de los espacios y clases sociales del país. 

Pese a tener los recursos económicos, no es sencillo adquirir los insumos y encontrar especialistas. Los medicamentos en años anteriores eran complicados de conseguir, este es “imposible”. La Federación Farmacéutica Venezolana calcula que, ocho de cada 10 fármacos no se encuentran en farmacias del país. Las razones responden a las deudas que tiene el gobierno venezolano con las farmacéuticas, otras se fueron.

Ningún centro público de Venezuela está en condiciones de subvencionar todas las pruebas diagnósticas o de hacerlas de forma gratuita. En muchos laboratorios no hay reactivos, los aparatos están dañados, no hay personal calificado o insumos. El desabastecimiento intrahospitalario de material quirúrgico y medicamentos se encuentra entre el 75 por ciento, según la Encuesta Nacional de Hospitales 2017, y el 95 por ciento, de acuerdo a cifras de la Federación Médica Venezolana.

Sin límites

El drama de los pacientes empieza antes de su diagnóstico. Los médicos que atienden en hospitales públicos remiten a las personas a centros y laboratorios privados, que a pesar de sus precios, son los que ofrecen el servicio. Desde 2013, el Ministerio de Salud no publica los Anuarios de Mortalidad lo que complica entender a detalle y explicar la realidad. 

La Sociedad Anticancerosa de Venezuela, junto con el Centro de Estadística y Matemática Aplicada de la Universidad Simón Bolívar, calculó que las muertes a causa del cáncer en 2016 fueron 25 mil 674, 11 por ciento más con respecto al año anterior. Esto, ubicó a Venezuela, dentro del promedio regional, con una tasa de 82,74 muertes por cada 100 mil habitantes. Una aguja  para biopsias puede costar el equivalente a 83 salarios mínimos. 

A pacientes que emigraron, por necesidad, se les nubla la mente cuando hablan de Venezuela. Siente una mezcla de enfado y tristeza. Están convencido de que su país es un enfermo terminal, pero hasta un moribundo, por derecho, debe tener acceso a cuidados médicos que le permitan fallecer dignamente.

En enero,  trascendió a la opinión pública la tragedia de una niña en el estado Bolívar cuya familia estuvo hasta el último día de su vida pidiendo morfina para calmar sus dolores oncológicos. Los médicos le recetaron 22 ampollas diarias y sus padres, desesperados, pidieron por todos los medios. Llegaron donaciones a cuentagotas y durante los últimos días las enfermeras se vieron obligadas a reducir las dosis, aunque el tumor en el tórax le había fracturado las costillas y los dolores eran muy intensos. El medicamento llegó un día después de su muerte, el 1 de enero de 2017.